jueves, 29 de noviembre de 2012

Cómo desarrollar actitudes para un consumo racional de la televisión

Se debe controlar la cantidad de tiempo que se dedica a ver la televisión y procurar que su consumo no sea excesivo. Es conveniente elegir de forma premedita que es lo que se quiere ver y poder justificar estar elección. A menudo nos sentamos delante del televisor a ver que están poniendo, hacemos un rápido zapping y al final no vemos lo que más nos gusta sino lo que menos nos disgusta. Podemos enseñar a los niños a elegir sus programas y a programar sus actividades para que no terminen por aburrimiento acercándose al televisor. Podemos usar la programación del periódico o del teletexto. Indicarles a qué hora se encenderá la tele y, que cuando termine el programa elegido, se tiene que apagar.

Se han hecho estudios que perciben que el niño que pasa más horas delante del televisor baja el rendimiento escolar. También desarrollan menos habilidades sociales puesto que no saldrán al parque a jugar con sus amigos… no desarrollarán las capacidades de interacción que un niño que no tiene un consumo excesivo de la televisión si las desarrolla. Tenemos que tener en cuenta que el consumo excesivo de este aparato le roba tiempo a actividades que favorecen al niño como socializarse, leer, jugar, realizar ejercicio (de aquí gran parte de los problemas de sobrepeso infantil), aprender… En muchas de las ocasiones no somos conscientes de que los niños no saben diferenciar entre aquello que es bueno y lo que es malo, por eso nuestro papel como educadores es tan sumamente importante. Su ingenuidad puede hacer que no sepan diferenciar en la televisión  aquello que es real y lo que es ficticio. La televisión expone a los niños a que se crean que todo lo que ven es lo bueno. Muchos de los programas televisivos hablan acerca del sexo, las drogas, el alcohol, la fiesta, la violencia, por consecuencia al ver esto pueden creer que esto es lo bueno, lo aceptable, y hacen que en muchas de las ocasiones imiten sus comportamientos puesto que la televisión no les ha permitido percibir los problemas reales que conllevan estos hechos. Gran parte de la culpa por el racismo es debido a la televisión, ya que les muestra a los más pequeños una imagen de los extranjeros como ladrones, mendigos, clandestinos que no es acertada en la realidad.
Debido a que más de la mitad de la publicidad presenta una imagen idílica de la vida, provocan que el niño cometa errores. Por ejemplo: si un niño es un poco gordito y ve anuncios de adelgazamiento, en un futuro no muy lejano desarrollará complejos, o algo más grave como problemas alimenticios. 
Todo esto provoca que los niños demanden unas condiciones de vida, de casa, padres, coches, zapatillas, modas y juguetes que favorecen el consumismo, especialmente de una marca o un tipo determinado. Esto induce a la imitación en la forma de ser, hablar, vestirse o comportarse, a copiar modelos no siempre adecuados para los padres, que piensan en el presente y en el futuro de sus hijos.
Cierto es,  que si empleamos debidamente la televisión muchos de los programas facilitarán al niño en su desarrollo. A la hora de hablar, aprender los números, las letras… pero siempre de una manera no excesiva e indicándoles antes los programas que podrán ver, el por qué, las horas a las que se encenderá la televisión y a las que se apagará. Para conseguir así crear un hábito en ellos y no especialmente consumista. Deberemos enseñarles otras actividades, que favorezcan la convivialidad.
En este vídeo se refleja claramente como los niños imitan lo que ven, sin saber si quiera que es lo correcto. 


En este vídeo se ve claramente que los mayores somos un ejemplo para los niños, que todo lo que ellos vean lo harán puesto que no saben diferenciar la realidad de lo fantasioso. Realmente en la televisión pueden ver agresividad, alcohol, tabaco, desamor, falta de ayuda... y en este vídeo nos damos cuenta realmente de la imagen que podemos llegar a causarles sin saberlo.


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